Jesús de Nazareth luchó a favor de los animales.

Testimonios en “Esta es Mi Palabra”

Jesús tampoco hizo ninguna diferencia entre hombre y animal, pues el Mandamiento decía y dice: “No debes matar”. Esta es una indicación general con el significado: No debemos matar ni a personas ni a animales.
En Esta es Mi Palabra leemos, entre otras cosas, lo que Cristo dijo y enseñó a los hombres de Su tiempo, cuando El estuvo en esta Tierra, también en relación con el trato hacia los animales.
Siendo Jesús de Nazaret hablé a muchos hombres acerca de la ley de la vida; así también acerca de los animales, los cuales, de forma similar a los hombres, sienten dolor, sufrimiento y alegría. De la misma manera que el hombre no debe estar en contra, sino a favor de su prójimo, también debe estar a favor de los animales y asumir responsabilidad para con ellos, pues ellos sirven al hombre.
Una y otra vez enseñé a los hombres que también los animales son criaturas de Dios, que el hombre no debe menospreciar, sino amar. Quien les pegue y torture, experimentará algún día en su alma y en su cuerpo algo igual o parecido; pues lo que el hombre hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está haciendo a sí mismo (pág. 429).
La Biblia cuenta que durante la “multiplicación de los panes”, además de éstos Jesús también repartió peces para que comiesen los que se habían reunido. En el evangelio de Marcos podemos leer: El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes y se los entregó a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Y también los dos peces los hizo repartir entre todos (Marcos 6, 41).
¿No son los peces también animales?, puede que se pregunte alguno. En Esta es Mi Palabra leemos lo que realmente ocrrió:
Mis discípulos Me trajeron panes y uvas para su multiplicación. Ese día también Me fueron entregados peces muertos para su multiplicación. Cuando tomé en Mis manos esta sustancia muerta, expliqué a los hombres que de ella el potencial de fuerza de Mi Padre, la elevada fuerza vital, se había retirado en gran medida, y que Yo no creo peces vivos para que a su vez sean matados.
Expliqué a los hombres que la vida está en todas las formas de vida y que el hombre no debe matarla intencionadamente. Los hombres, especialmente los niños, Me miraron con tristeza. No Me podían entender, pues vivían mayormente de peces, pan y pocas cosas más. Entonces les hablé en el sentido siguiente: las energías de la Tierra hacen que los peces muertos todavía mantengan su cohesión. Así que no os regalaré peces vivos provenientes del Espíritu del Padre, sino que os crearé peces que están muertos, o sea pobres en vibración, provenientes de la energía de la Tierra. Nunca llevarán vida, y no podrán ser matados. Quiero mostraros cómo sabe lo que está vivo –pan y frutos-, en comparación con el alimento muerto.
Y creé para ellos peces –a partir de las energías de la Tierra– que llevaban poca sustancia espiritual. Les di los peces muertos y les mandé comer al mismo tiempo el pan y los frutos, para que notaran la diferencia entre alimento vivo y muerto, entre alimentos de vibración alta y de vibración baja.
De éste y de parecido modo instruí a los hombres (pág. 379-380).
Así vemos cuán prudente, comprensiva y cuidadosamente hablaba Jesús a Sus semejantes y les acercaba las leyes de Dios de forma comprensible en una situación concreta.
En Esta es Mi Palabra Cristo nos da también las siguientes indicaciones:
Quien ame a su prójimo desinteresadamente, no le hará violencia ni lo matará. Y quien ame desinteresadamente a su prójimo, tampoco matará intencionadamente a animales. Quien respeta a hombres y a animales, tampoco tiene intenciones belicosas, porque respeta las leyes de Dios, a las cuales también pertenecen las leyes de la naturaleza. Quien se esfuerce en cumplir las leyes de Dios, se abstendrá cada vez más de la alimentación cárnica y aceptará agradecido los dones de la tierra –es decir, aquel alimento que viene de Dios para Sus hijos humanos (pág. 475).
Cristo luchó a favor de los animales donde Le fue posible. El que en la Biblia no haya nada más al respecto no sorprende, pues no formaba parte de los intereses de los sacerdotes el enseñar al pueblo en el sentido de Jesús de Nazaret, sino en su sentido, en el sentido de la Iglesia que aspira al poder terrenal. Por ello, el aspecto relacionado con el “animal” no fue recogido en el Nuevo Testamento de las “Sagradas Escrituras”, como tampoco lo fue el mandamiento de Jesús de abstenerse de tomar alimentos cárnicos.
Sigamos leyendo cómo Jesús reaccionó ante el sufrimiento de los animales en Esta es Mi Palabra:
1. Aconteció que el Señor salió de la ciudad, e iba por la montaña con Sus discípulos. Y llegaron a un monte de caminos muy escarpados. Allí encontraron a un hombre con un animal de carga.
2. El caballo se había desplomado a causa de la sobrecarga, y el hombre lo golpeaba hasta hacerle sangrar. Y Jesús se le acercó y dijo: “tú, hijo de la crueldad, ¿por qué golpeas a tu animal? ¿No ves acaso que es demasiado débil para su carga, y no sabes que sufre?”
3. Pero el hombre respondió: “¿qué tienes que ver Tú con esto? Puedo golpear a mi animal cuanto me plazca; pues me pertenece y lo compré por una buena suma de dinero. Pregunta a los que están contigo, pues son de mi vecindario y lo saben”.
4. Y algunos de los discípulos respondieron diciendo: “sí, Señor, es tal como dice; estábamos presentes mientras compraba el caballo”. Y el Señor respondió:”¿no veis acaso cómo sangra y no oís cómo gime y se lamenta?” Pero ellos respondieron diciendo: “¡No, Señor, no oímos que gima y se lamente!”…
5. Y el Señor se entristeció y dijo: “¡ay de vosotros, que por la insensibilidad de vuestro corazón no oís cómo se lamenta y clama piedad al Creador celestial, y tres veces ay de aquel contra el que clama y se lamenta en su tortura!”
6. Se acercó y tocó al caballo, y el animal se levantó, y sus heridas estaban curadas. Dijo al hombre: “prosigue ahora tu camino y en adelante no lo golpees más, si es que también esperas hallar piedad” (pág. 205-211).
Jesús no solamente llevaba en su corazón a los hombres y animales, sino a toda la naturaleza. El estaba unido con todas las formas de la Creación, también con los astros y las fuerzas elementales. Nos ha sido transmitido que la tormenta Le obedeció y que el agua Le permitió que El caminase sobre ella. Tal y como El, siendo Jesús, instruía a Sus hermanos y hermanas, así también nos instruye hoy, por ejemplo en Esta es Mi Palabra:
¡Respetad, valorad y honrad la fuerza creadora en todo lo que es! Ved: todo lo que es fuerza y luz, lo lleva cada hombre en lo más interno de su alma. El cuerpo espiritual del hombre es la sustancia de todo lo que es, porque Dios, el Padre eterno, ha dado todo como esencia, como herencia, a cada uno de Sus hijos. En todas las formas de vida está el Espíritu eterno, y fluye también desde todas las formas de vida.
Cuando el hombre ha llegado a ser conscientemente hijo de Dios, la omnipotencia de Dios le sirve a través de todas las formas de vida; a través de la piedra, la madera, el fuego y el agua, a través de las flores, las hierbas, las plantas y los animales. Todos los astros sirven al que vive en Mí, el Espíritu de la verdad. Cuando la fuerza creadora puede traspasar a la criatura, porque su alma está llena de luz y de fuerza, ella vuelve a ser conscientemente el hijo o la hija del infinito y ha vuelto a retomar la herencia, la fuerza universal.
Cada día terrenal es un regalo al hombre, para que en él se reconozca y se encuentre a sí mismo. Los reinos de la naturaleza se ofrecen al hombre. Fuego y agua le sirven, y también los astros día y noche. ¡Ved cuán rico es el día para cada cual! (Pág. 184).
Antes de que pasemos a los textos de los Libros de Moisés, veamos otro acontecimiento en la vida de Jesús de Nazaret transmitido en Esta es Mi Palabra:
1. Y yendo Jesús hacia Jericó, se encontró con un hombre con palomas jóvenes y una jaula llena de pájaros que había capturado. Y vio la aflicción de éstos por haber perdido su libertad, además de sufrir hambre y sed.
2. Y dijo al hombre: “¿qué haces con ellos?” Y el hombre respondió: “vivo de la venta de los pájaros que capturo”.
3. Y Jesús le dijo: “¿qué pensarías si alguien más fuerte o más astuto que tú te atrapara y encadenara a ti, o a tu mujer o a tus hijos, y te arrojara en prisión para venderte en su propio provecho y para ganarse con ello su sustento?
4. ¿No son estas criaturas tu prójimo, sólo que más débiles que tú? ¿Y no cuida el mismo Dios, Padre y Madre, de ellos, lo mismo que de ti? Deja en libertad a estos tus pequeños hermanos y hermanas y procura no hacer tal cosa nunca más, sino gana honradamente tu pan”.
5. Y se maravillaba el hombre de estas palabras y de Su poder, y dejó a los pájaros en libertad. Al verse libres volaron hacia Jesús y se posaron en Sus hombros y Le cantaban.
6. Y el hombre continuó preguntando acerca de Su enseñanza, y siguió su camino, aprendiendo el oficio de canastero. Con su trabajo ganó su pan y rompió sus jaulas y trampas y se hizo discípulo de Jesús (pág. 494-495).

Jesús estaba en contra de cualquier
forma de derramamiento de sangre

Jesús nunca habría derramado sangre o lo hubiese aprobado. La frase El que haga uso de la espada, por la espada perecerá (Mateo 26, 52) también se refiere al delito contra el reino animal y contra toda la naturaleza, y no tiene por qué ser el matar con la espada. Existen muchos niveles de falta de amor. Los animales sienten de forma muy fina, mientras que las emociones del hombre son en muchas ocasiones toscas y torpes.
Nada ni nadie “nos puede liberar de un pecado”, sino nuestro Redentor Cristo, cuya fuerza y luz redentoras han tomado morada en nosotros. La condición para que El pueda llevar a cabo la redención de alguna culpa en nuestra alma es que nos arrepintamos de nuestro sentir, pensar, hablar y actuar faltos de amor, que pidamos perdón en nuestro interior a nuestro prójimo o a nuestro prójimo animal contra el que hayamos pecado, por nuestra parte también le perdonemos por lo que nos haya podido ocasionar, nos empeñemos en reparar el mal hecho, mientras esto sea posible, y aquello que hayamos reconocido de malo en nosotros no lo volvamos a hacer más. Sólo entonces nos perdonará también Dios, así como rezamos desde hace casi 2.000 años en el Padrenuestro: Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores…
No sólo un sacrificio de animales añade más culpa a las nuestras ya existentes, sino todo aquello que de modo visible o no visible sale de nosotros de maldad, de falta de aprecio o de rechazo, de crueldad, pero también de falta de comprensión, falta de consideración o indiferencia. Esto es válido para la humanidad así como para cada uno en particular.
Cristo está en contra de cualquier forma de derramamiento de sangre. Cuando Cristo, quien se manifiesta de nuevo a la humanidad por medio de la palabra profética, habla sobre sacrificio de animales, también sobre experimentos con animales y otros delitos de la ciencia contra la sabia Creación de Dios, emplea a menudo la palabra “atrocidad”.
Nosotros los hombres debemos considerar a nuestro prójimo animal como a nuestros hermanos y hermanas animales los que –a pesar de que no se hicieron culpables ante la Ley, Dios, como se hicieron los seres de la Caída-, también bajaron a las profundidades para que nosotros los hombres nos alegremos de la vida de la naturaleza y estemos unidos a ella en amor. La naturaleza quiere servir a los hombres. Ella no quiere ser torturada, martirizada y asesinada para luego ser preparada para la comida de caníbales.
El hombre, quien en lo más interno es un ser proveniente de Dios, se muestra en muchas ocasiones como un ser de la crueldad

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Una respuesta hacia “Jesús de Nazareth luchó a favor de los animales.”

  1. quisiera que lean las enseñanzas de jesus.

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