Por: Antonieta Guzmán
¿Qué responderías si te ofrecieran un vaso de leche del
seno de tu esposa, de tu hermana o de tu amiga? Probablemente
dirías que no, pero también probablemente te parecería más
saludable y natural darle el sí a un vaso de leche, rebanada de
queso o vaso de yogurt hecho con la leche de una vaca o una cabra.
No hay duda, necesitamos valorar el significado de “natural”
y “saludable”.

Al nacer, lo que los humanos necesitamos como único alimento es la leche de nuestra madre. Si tenemos la suerte de tenerla, ésta nos brinda tantos nutrientes, anticuerpos, vitaminas, grasas, y
proteínas, que durante meses no necesitamos absolutamente nada más para crecer; la leche de nuestra madre nos hace fuertes, nos protege de enfermedades y ese calor y protección son un lazo de amor y un vínculo muy estrecho entre una madre y sus hijos. La leche materna tiene todas y cada una de las propiedades para hacer que un bebé recién nacido de 3 kilos y medio se convierta en un bebé de 10 kilos, es decir que la leche materna es la responsable del estirón más significativo en la vida de una persona. Si no tenemos la suerte de tenerla, la fórmula suplirá artificialmente estas propiedades, pero en ambos casos, cuando el bebé crece, la leche materna se seca y nunca más la mamá volverá a amamantar o a darle fórmula a ese bebé, nunca, jamás.
Por eso, se puede decir que los humanos, como todos los seres que amamantan, saben cuándo dejar de hacerlo y cuándo comenzar a comer algo más; salen los dientes y es momento de masticar. Sin embargo, el humano es el único animal que continua consumiendo leche en su edad adulta (en cualquiera de sus formas) incluso hasta la vejez, y lo más alarmante es que no consume la de su madre sino la de otra especie, generalmente, la vaca. Contrario a lo que se piensa, las vacas no producen leche el 100% de su vida, pues como cualquier mamífero necesitan estar preñadas para amamantar. Sin embargo, para que la industria venda sus productos lácteos a millones de consumidores, tienen que pasar muchas cosas que transgreden cualquier proceso que se pueda llamar natural. Primero, se deben tener cautivas a muchas vacas para que una vez fértiles, las inseminen antes del primer año de vida y lo sigan haciendo sin descanso alguno para que nunca dejen de tener leche; posteriormente les arrebatan a su cría en el minuto en que nace sin importar que las vacas sufren (como cualquier madre) la desaparición de cada uno de sus hijos, pues ellas saben que aún no están listos para sobrevivir por sí mismos, aún necesitan calor natural, la leche de su madre y mucha protección.
Mientras sirven para dar leche, las vacas viven en un lugar con suelo de concreto, en espacios ultra reducidos, donde pasan su vida conectadas a mangueras con las mamas inflamadas (la mayoría
sufre de mastitis) y donde son la materia prima de un proceso cruel y eterno al que no tienen la posibilidad de renunciar. Estas vacas no saben lo que es dar un paseo, ver el cielo, disfrutar de sus
bebés, ni saben lo que es caminar en el pasto y sentir el sol o el viento, no tienen la libertad de hacer amigos como cualquier vaca en libertad lo hace (esto no es en sentido figurado, las vacas hacen
amigos y conviven con ellos por largos períodos). Y por si fuera poco, cuando ya no sirven, las llevan al matadero y aprovechan cada parte de ellas, así como lo hicieron con sus diversos recién nacidos en su momento.
Para producir más, la industria lechera medica a las vacas con diversas sustancias, una de ellas es la hormona de crecimiento bovino (rBST), que como efecto secundario altera las células humanas y bovinas; contiene además una proteína llamada caseína que es el ingrediente principal del pegamento con el que se adhieren las etiquetas a las cervezas o refrescos (no, la pasteurización jamás será suficiente), además de esteroides, antibióticos, pus, sangre, lactosa (enzima que tu cuerpo no está preparado para digerir), entre muchas otros contaminantes. Además de estas sustancias, su forma de vida las mantiene estresadas, angustiadas, medicadas, con dolores, sufrimiento y por consecuencia esta leche está llena de algo que no puede, bajo ninguna circunstancia lógica, ser natural ni saludable: crueldad. Para ilustrar esta crueldad, hay una cifra (de las muchas que hay) que lo dice todo: una vaca naturalmente produce de 4 a 5 litros de leche, y en las granjas las hacen producir cerca de 100 litros al día.
Una falsa ilusión para quien le importa este sufrimiento es la leche orgánica, que finalmente termina también explotando a estos animales y que al final nos lleva al mismo hecho que explicado de manera burda es: consumir la leche que le pertenece a la cría que la vaca parió; es una leche que en condiciones naturales hace crecer a un becerro saludable y fuerte, que no es para un gato, ni un perro, ni un humano, que resulta ridículo pensar que un animal de semejante dimensión puede aportar proteínas y vitaminas de gran calidad a un humano. La leche de vaca es excelente para su becerro, no para ti.
Sin embargo, la industria lechera vende, incluso a costa de tu salud, ideas como que la leche ayuda al crecimiento, que es una fuente rica en calcio y ha creado decenas de tipos y sabores de leche para distintas edades y tolerancias a la lactosa, pero ¿sabes por qué eres intolerante a la lactosa? Porque tu cuerpo está diseñado de manera perfecta para tomar la leche de tu madre en tu edad temprana, no para consumir la leche de otra especie en forma de queso, mantequilla, leche ni yogurt en tu edad adulta, pues tu cuerpo no tiene los recursos necesarios para procesarla: entre los 18 meses y los 4 años de edad, los humanos perdemos del 90 al 95% de la enzima lactosa.
Lo que las empresas de lácteos no te dicen es que se ha comprobado que estos productos son los responsables de muchas enfermedades como alergias, acné, ansiedad, déficit de atención, hiperactividad, fibromialgia, indigestión, infecciones de oído, cólicos, obesidad, autismo, osteoporosis, cáncer, artritis, diabetes, colesterol o ácido úrico alto e hipertensión, entre otros. La naturaleza es sabia; somos los únicos animales que consumen leche en su edad adulta y de otra
especie, y claro que podríamos consumir leche de gorila o de zebra también y nadie se pregunta ¿por qué la de vaca? Porque la vaca es el animal más barato de mantener y explotar y en este punto se entiende tanta “salud” y beneficios de la leche de vaca, y claro, si la zebra fuera la más explotable, pensarías que tu cereal sin tu leche de zebra no vale nada.
Entonces, la razón es el dinero; por dinero te venden la leche como saludable y por eso las empresas son millonarias, pues en su momento convencieron a doctores, nutriólogos y a instituciones de salud de que esto es saludable, pero la realidad es que los doctores y nutriólogos de hoy no hacen estudios eficaces que duren años, para de verdad medir el daño de la leche de vaca en los humanos, sólo repiten lo que todos damos por hecho ya que lo escuchamos desde que tenemos uso de razón: “necesitas la leche para crecer”, “si no tomas leche te va a dar osteoporosis”.
Investigadores de Harvard, Yale y Penn State concluyeron después de un estudio de 34 años en 16 países, que los países con mas índice de osteoporosis fueron los que consumían más leche y productos de origen animal en su dieta (Barnouin & Freedman, 2005). Y más allá de las estadísticas, es algo lógico y propio de sentido común. Salte del círculo y piénsalo.
Ahora, el gran dilema: ¿con qué me como mi cereal?, ¿con qué hago mi licuado?, ¿con qué preparo mis postres? ¿con qué hago mis quesadillas? Bueno, pues hay excelentes noticias: ¡puedes consumir leche de soya y tofu! La leche de soya tiene un muy buen sabor, aporta muchas proteínas,hierro, zinc, calcio, pero no contiene colesterol, caseína, hormonas, antibióticos, tampoco estrés,
crueldad ni muerte. La leche de soya y el tofu son ideales para cocinarlo todo, para tomar cereal o llevarte a tu cama un vasito para dormir bien. La leche del frijol de soya no te hará dormir porque
ninguna leche lo hace, pero si te dará un sueño tranquilo al saber que gracias a ti y tu consumo responsable una vaca, cabra o burra menos está sufriendo encierro, la pérdida de su cría y condiciones inhumanas hasta el último día de sus vida. También te dará tranquilidad saber que tu cuerpo no tiene que luchar por procesar un alimento que a alguien por dinero se le ocurrió que podía venderse como “saludable” o que alguien te dijo que es una buena costumbre consumir. Hay muchas cosas que comemos por costumbre y no concebimos una quesadilla sin queso, cuando hay un puñado de vegetales con las que podemos acompañar nuestras tortillas. Como en todo, tus posibilidades son tan grandes como tu creatividad, pues la naturaleza nos ha regalado suficientes granos, frutas y vegetales para nutrirnos y mantenernos muy sanos.
Dejar los lácteos es difícil para muchas personas, pues a pesar de que puedes sustituir la leche en muchos platillos, es imposible encontrar manchego de soya, Oaxaca de soya o panela de soya en el puesto o restaurante de la esquina. Sin embargo, este cambio es de vida, un cambio que implica desprenderte de un antojo para dejar atrás la ignorancia y abrirle la puerta a la compasión y el respeto a un ser vivo que no merece tener esa “vida” (si es que así se le puede llamar). Es un cambio de mentalidad; quitarte todos esos mitos consecuencia de una educación basada en las ventas, para ser consciente de qué es lo que decides poner en tu plato. Por ti. Y claro que es difícil digerir esta información después de décadas de costumbres y mercadotecnia y si te pones a investigar encontrarás todas las opiniones posibles, pero al ser un cambio tan importante, es elemental que te informes en mínimo 10 diferentes fuentes donde se expongan opiniones a favor y en contra y que al final lo pongas en una balanza, pues es tu salud y tu vida la que está de por medio.
Ahora ya lo sabes y a partir de este momento es tu decisión; en tus manos está cuidar tu salud y no contribuir a esta crueldad.
A partir de hoy tú decides. ¡Infórmate!
Bibliografía:
Barnouin & Freedman, Skinny Bitch. Running Press Book Publishers, Pennsylvania, 2005.
Tamames, Tú también eres un animal. Ediciones Martínez Roca, 2007.
Aboglio. Veganismo. Práctica de justicia e igualdad. DeLosCuatroVientos Buenos Aires,, 2009.
http://www.peta.org/
http://www.farmsanctuary.org/
http://www.euroveg.eu/evu/spanish/news/news001/vegan.html
http://www.mandalaediciones.com/alimentacion‐natural/veganismo.asp?op=0&ls=0